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August 17, 2025

¿Por qué empecé Infinity⁹?

De los banqueros que no hablaban nuestro idioma a un sistema con alma
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Preferimos perder un deal por ir lento que perder un patrimonio por ir rápido.

Hay decisiones que parecen nacer en un momento, pero en realidad llevan gestándose toda una vida. Infinity⁹ no comenzó el día que firmé los documentos. Empezó cuando tenía 14 años, sentado en reuniones con banqueros suizos y americanos, intentando descifrar un idioma que, aunque hablaba de nuestro dinero, no hablaba nuestro lenguaje. Empezó cuando vi a mi familia confiar su patrimonio a instituciones que parecían más preocupadas por sus comisiones que por nuestro legado. Y yo no podía dejar de pensar una sola cosa: esto se puede hacer mejor.

Ese pensamiento se quedó conmigo años. Lo confirmé en la universidad, lo confirmé en los negocios, y lo confirmé de forma brutal cuando tomé las riendas del patrimonio familiar después de vender mi primera empresa. Lo que cambió ahí no fue el capital ni la gente: fue quién tomaba las decisiones y con qué criterio. La diferencia no era genialidad, y tampoco voy a presentarla como una comparación de rendimiento contra nadie. Era filosofía: yo no estaba defendiendo un producto, estaba defendiendo a mi familia. Y ahí vino el primer gran clic: si esto se podía pensar así para nosotros, ¿por qué no para otros? No para cualquiera. Para el latino que, como mi familia, había trabajado, había creado riqueza, y seguía viviendo con el fantasma de la escasez en la nuca.

La herida invisible

Aquí está el dolor que nadie nombra: en Latinoamérica, incluso cuando ya tenemos capital, seguimos tomando decisiones como si estuviéramos a una quincena de perderlo todo. Heredamos la idea de que el dinero es peligroso, que confiar es arriesgado, que prosperar es traicionar las raíces. Esa herencia invisible nos cuesta oportunidades, nos cuesta libertad y muchas veces nos cuesta el futuro.

En el mundo financiero hay una creencia extendida y peligrosa: que el dinero se maneja solo con números, que basta un Excel y un rendimiento proyectado para decidir. Pero la mayoría de las decisiones financieras no son lógicas. Son emocionales, y en Latinoamérica también son culturales. Lo vi desde adentro: reuniones donde el retorno estaba claro, la oportunidad era sólida, y aún así el inversionista no avanzaba, porque algo en su historia le decía: es demasiado bueno para ser cierto, no confíes.

Un inversionista llegó con un patrimonio importante, liquidez, experiencia, conocimiento del mercado americano. Llevaba dos años sin mover un dólar. Cuando nos sentamos no hablamos de propiedades ni de tasas. Le pregunté qué era lo que más le preocupaba de invertir ahora, y su respuesta fue inmediata: no quiero sentir que pierdo lo que tanto me costó ganar. Eso es lo que llamo la herida invisible del capital latino. Ese día no cerramos nada. Hablamos de su padre, de la primera vez que vio un dólar en sus manos, de las veces que lo perdió todo y volvió a empezar. Solo después de poner eso sobre la mesa se pudo pensar una estrategia que tuviera sentido para él. Cuento la escena con los detalles cambiados, porque la conversación era suya y no mía.

Por eso Infinity⁹ combina dos capas. La capa técnica: el Diamond Framework, el Infinity Engine, diligencia institucional. Y la capa humana: entender el código cultural y emocional detrás de cada decisión. Porque no sirve de nada el mejor deal si la persona no tiene la claridad y la confianza para tomarlo. No hay nada más caro que una inversión que da buen rendimiento pero te quita el sueño.

El techo propio y el Ferrari sin frenos

Hay una frase que he escuchado a cientos de inversionistas latinos: si quieres que las cosas salgan bien, hazlas tú mismo. Suena a independencia y en realidad es una trampa, porque en inversiones hacerlo solo casi siempre significa hacerlo limitado. Yo empecé manejando el patrimonio familiar convencido de que nadie lo cuidaría como yo. Y era cierto a medias: la pasión era mía, pero también el techo. Un solo cerebro, por disciplinado que sea, nunca ve todo. Por eso, antes de fundar Infinity⁹, busqué gente que no me dijera que sí a todo: gente con la experiencia y la frialdad para decirme que no aunque el deal me encantara. Un día llegó un proyecto que en papel parecía perfecto, con un sponsor carismático, y yo estaba listo para avanzar. Uno de mis socios revisó la estructura y me dijo: a mí no me importa si te cae bien. Este proyecto no es bueno y no vamos a invertir. Ese momento fue oro puro. La verdadera protección no viene solo de tu criterio: viene de rodearte de gente que no tiene miedo de contradecirlo.

Y el tercer marco: el deal perfecto no existe sin un sistema perfecto. Invertir sin sistema es como tener un Ferrari sin frenos: velocidad y potencia, pero fuera de la pista. Nuestro sistema evalúa cada inversión desde cuatro ángulos: producto, mercado, finanzas y gente. Si uno falla, el deal se cae, aunque la proyección de retorno sea espectacular. Un activo prime, precio competitivo, demanda alta, flujo atractivo, y aun así un no. El cuarto ángulo, el de la gente, es el que más veces ha frenado una operación en nuestra mesa: cuando la diligencia sobre el sponsor deja preguntas sin respuesta, el activo deja de importar. No solo invertimos en activos: invertimos en relaciones, y un mal socio arruina incluso el mejor activo. El sistema además nos protege de algo muy latino: la urgencia, ese impulso de hay que entrar ya que tantas veces nos ha costado caro como región. Preferimos perder un deal por ir lento que perder un patrimonio por ir rápido.

El expediente del socio

Esto es lo que el runtime no alcanzó a enseñar, y lo agrego aquí como la clase extendida: cómo revisar tú mismo el ángulo de la gente, el que más veces frena un deal que por lo demás se veía perfecto. Antes de firmar con cualquier sponsor o gestor, arma un expediente de una página con cinco verificaciones.

Primera: historial verificable. No el que te cuentan, el que puedes comprobar: proyectos anteriores con nombres, fechas y resultados que puedas contrastar con alguien que no te presentó el propio sponsor. Segunda: búsqueda de litigios. Demandas, quiebras, disputas con inversionistas anteriores; casi todo es público si lo buscas, y el que ha litigado con todos sus socios anteriores te está diciendo quién será contigo. Tercera: referencias no ofrecidas. Las referencias que el sponsor te da siempre hablarán bien; busca tú a un inversionista de un proyecto pasado que no esté en su lista. Cuarta: conflictos declarados por escrito. Pregúntale directamente qué gana él si el deal se hace, aparte de tu retorno, y pide la respuesta por escrito; la incomodidad ante esa pregunta es información. Quinta: piel en el juego. Cuánto de su propio dinero está en el deal, en las mismas condiciones que el tuyo. Si la respuesta es poco o en mejores condiciones, ahí tienes tu respuesta.

Una advertencia sobre cómo usar esto. El expediente sirve para decidir en privado si inviertes o no, no para difundir conclusiones sobre nadie. Una sospecha no verificada dicha en voz alta te crea un problema distinto y peor que el deal que estabas evitando.

Tres preguntas más cierran el expediente, y son las que uso yo: ¿esta persona entiende de dónde vengo? ¿Tiene claro qué quiero proteger además de mi capital? ¿Puede estructurar un deal que hable mi idioma financiero y mi idioma emocional? Si las respuestas no son un sí rotundo, no inviertas. Todo esto es ilustración, no promesa: el expediente no garantiza el éxito, pero convierte la confianza en un proceso en vez de una apuesta.

El espejo

En 2021 me sentía en la cima del mundo. Infinity⁹ creciendo, los clientes felices, y yo jugando polo en serio: cuatro caballos, un equipo, una declaración. Hasta que en el segundo chukker de un torneo perdí las riendas y caí en el aire. Me rompí el brazo en siete partes, me disloqué el codo, me desgarré tendones y ligamentos. Tres días y dos cirugías de ocho horas después, los médicos me dijeron lo impensable: era posible que tuvieran que amputarme el brazo. En esa cama, escribiendo reportes de inversionistas con una sola mano y la vía en el pie, entendí lo que ninguna reunión me había enseñado: que a veces hay que soltar el control y confiar en que alguien más te sostenga, y que la verdadera fortaleza no está en hacerlo todo tú, sino en saber cuándo dejarte ayudar. Mis padres se turnaban para darme de comer. Su presencia ocupó el lugar de mi fuerza. Meses de fisioterapia me devolvieron el brazo, y justo en medio de esa reconstrucción conocí a Valentina, mi esposa. La caída que me rompió me abrió la puerta a lo más importante de mi vida.

Por eso, cuando hablo de inversión, sé que no hablo de números. Hablo de proteger lo que no tiene precio: tu capacidad de levantarte, tu círculo de confianza, tu historia. Puedes estar en tu punto más alto y en segundos caer al más bajo, y lo único que marca la diferencia es el sistema de soporte que tengas al lado. Infinity⁹ es eso: un sistema diseñado para que, pase lo que pase, tu patrimonio y tu legado tengan quien los sostenga.

La pregunta frente al espejo: ¿quién te sostiene a ti? Si mañana no pudieras firmar, decidir ni vigilar, ¿qué quedaría en pie de lo que construiste?

Si quieres seguir esta conversación cada semana, está La Carta del Domingo. Porque el verdadero lujo no es tener más: es saber quién eres mientras construyes.

Fundador de Infinity⁹. Aquí escribo con mi propia voz.

Key Insights
  • El dinero no se mueve solo con números: se mueve con lógica, cultura y confianza. Si no entiendes la historia detrás del capital, no puedes protegerlo de verdad.
  • La herida invisible del capital latino: no importa si tienes diez mil o diez millones, si tu historia te enseñó que el dinero se protege escondiéndolo, actúas desde el miedo.
  • Invertir bien no es hacerlo solo: es hacerlo acompañado de un equipo que pone su propio capital en la mesa y tiene la frialdad para decirte que no.
  • El deal perfecto no existe sin un sistema perfecto: el mejor activo, en la estructura equivocada y con las personas equivocadas, se convierte en un error caro.
  • La protección está en el proceso, no en la promesa.
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Family Offices & Private Equity
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