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May 21, 2026

99 deals rechazados por 1 aprobado | El método Infinity9

Cómo distinguir un deal institucional de una apuesta bien empaquetada.
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Tú no estás comprando un edificio. Te estás casando con el operador del edificio durante los próximos cinco a diez años.

Si alguna vez te llegó un deal de real estate por WhatsApp y no supiste si era bueno, este es el proceso que aplico cuando me pasa a mí. Porque me pasa igual que a ti: un cliente me reenvía el PDF con renders hermosos y retornos de dos dígitos, y la pregunta es siempre la misma. ¿Esto es una inversión o es una apuesta con buen diseño gráfico?

En Infinity⁹ revisamos cada oportunidad con el mismo método interno, capa por capa, y por cada deal que aprobamos rechazamos 99. Eso no es un eslogan de marketing: es la matemática de cómo se ve el mercado real cuando lo auditas en serio.

Institucional no es un adjetivo, es una estructura

Lo primero que hay que entender del mercado: la mayoría de las oportunidades que llegan a inversionistas latinoamericanos no son deals institucionales. Son deals retail empaquetados como si lo fueran. Y la diferencia no es estética, es estructural.

Un deal institucional tiene tres cosas que un deal retail no tiene. Un sponsor con track record verificable a través de los ciclos del mercado, no solo durante los años buenos. Una estructura legal y fiscal pensada desde el día uno para el inversionista internacional. Y un activo cuya tesis no depende de que el mercado siga subiendo, sino de los fundamentos operativos del propio activo.

Esa última parte es la más importante. Un deal institucional tiene que poder defenderse aunque el mercado se quede plano tres años. Un deal retail necesita que el mercado siga subiendo para que los números cierren. Si los números solo cierran asumiendo apreciación agresiva, no es un deal, es una apuesta. Y a las apuestas no les llamamos inversiones, por respeto a los clientes.

Las cuatro capas

La capa uno es el sponsor, y es donde falla la mayoría de los inversionistas individuales: se enamoran del activo y no investigan al operador. Yo siempre les digo lo mismo. Tú no estás comprando un edificio, te estás casando con el operador del edificio durante los próximos cinco a diez años. Si no entiendes con quién te estás casando, no firmes. Revisamos el track record completo, incluyendo 2007, 2008 y 2009; un sponsor que solo opera desde 2015 vivió uno de los ciclos más amables de la historia del real estate americano, y cualquiera se ve bueno en ese ciclo. Revisamos cuánto de su propio patrimonio coinvierte, el skin in the game: si él no pone su dinero, ¿por qué pondría el de mi cliente? Y revisamos las disputas legales, no para descalificar por tenerlas, sino por el tipo: litigios con proveedores y contratistas son normales en veinte años de industria; demandas de inversionistas anteriores casi nunca son un capricho.

La capa dos es el activo. Revisamos el submercado específico, no el mercado entero: Brickell no es Wynwood y Wynwood no es Doral, cada uno con sus propios fundamentos demográficos y ratios de absorción. Decir que inviertes en Miami es como decir que inviertes en Latinoamérica: es una respuesta de cóctel, no de inversionista. Revisamos la oferta competitiva en construcción, porque un deal puede verse hermoso hoy y tener 300 unidades nuevas entrando al mercado en dos años. Y revisamos los rent rolls actuales contra los proyectados: si el sponsor asume alquileres creciendo 8 por ciento anual durante cinco años, ahí hay un problema. Es la forma más vieja de hacer ver bueno un deal malo. El Excel siempre funciona; el edificio real no.

La capa tres es la estructura financiera. Un deal institucional tiene pisos: la deuda senior cobra primero, la mezzanine después, luego el equity preferente con su tasa contractual, y al final el equity común, donde vive el upside y también todo el riesgo. Cuando un inversionista no sabe en qué tramo del capital stack está parado, no sabe qué está comprando. Y uno de los errores más comunes es asumir que, como te invitaron al deal, estás en la mejor posición; la mejor posición casi siempre es la de los que estructuraron. Revisamos el apalancamiento (70 por ciento de deuda es conservador en multifamily, 80 empieza a ser agresivo, y por encima el deal depende menos del activo y más del crédito), los covenants (cuando se violan, el banco no llama para preguntar cómo te sientes: actúa) y la cascada de distribuciones, que decide cuánto del retorno llega al inversionista común y que casi todos firman sin entender.

La capa cuatro es la que casi nadie audita: la estructura fiscal y legal. Un deal puede tener el mejor sponsor, el mejor activo y la mejor estructura financiera, y si está mal armado para el inversionista internacional, entre impuestos y fricciones se puede comer hasta el 40 por ciento del retorno antes de que llegue a tu cuenta. Es como ganar el Tour de France y descubrir en la meta que olvidaste registrarte. Revisamos el vehículo (LLC, corporación, fondo o fideicomiso, cada uno con implicaciones distintas en FIRPTA, branch profits y retenciones), si existe una capa de holding internacional para mitigar el estate tax, y los mecanismos de salida del capital: en qué moneda, con qué tiempos, a qué cuenta. Un dato que casi nadie te cuenta cuando te presenta el deal: si un inversionista latino fallece con activos americanos a su nombre y sin estructura, el gobierno americano puede quedarse con hasta el 40 por ciento antes de que llegue a sus hijos. Es real y es legal.

El filtro de WhatsApp

El video te da las cuatro capas completas. Lo que el tiempo no me dejó darte es la versión de diez minutos: las cinco preguntas que puedes hacerle hoy mismo a la persona que te mandó el deal, una por capa y una extra. Cómo le fue al sponsor entre 2008 y 2009. Qué oferta nueva entra a ese submercado en los próximos 24 meses. En qué tramo del capital stack entro yo y quién cobra antes que yo. Qué pasa con mi posición si fallezco mañana. Y cuánto de su propio dinero puso el que me lo está mandando.

No necesitas saber leer un modelo financiero para usar el filtro. Si quien te envió el deal no puede responder tres de las cinco con precisión, el deal no merece tu fin de semana. Y fíjate que la quinta pregunta es la más corta y la que más revela: por eso yo coinvierto mi propio capital en cada deal que aprobamos. Cuando el operador come de la misma comida que le sirve a sus clientes, la cocina se mantiene limpia.

La próxima vez que suene el teléfono

El próximo deal que te llegue no va a avisar. Va a entrar por WhatsApp, con renders hermosos y un número que te va a gustar. Antes de reenviarlo o de enamorarte, pásalo por una sola pregunta: ¿este deal se defiende con el mercado plano tres años, o necesita que todo salga bien? La respuesta te dice si estás mirando una inversión o una apuesta.

De cómo pensamos estas capas, y de lo que veo cada semana revisando deals que no pasan, escribo cada domingo en La Carta del Domingo, con ideas que no digo en cámara.

Fundador de Infinity⁹. Aquí escribo con mi propia voz.

Key Insights
  • Un deal institucional se defiende aunque el mercado se quede plano tres años; un deal retail necesita que el mercado siga subiendo para que los números cierren.
  • No estás comprando un edificio: te estás casando con el operador durante los próximos cinco a diez años.
  • Si no sabes en qué tramo del capital stack estás parado, no sabes qué estás comprando.
  • Una estructura mal armada para el inversionista internacional puede comerse hasta el 40 por ciento del retorno antes de llegar a tu cuenta.
  • El Excel siempre funciona; el edificio real no.
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