Cada negocio tiene tres claves del éxito, y ahí vive tu atención. Hartmut identifica siempre tres elementos que no pueden fallar, como la calidad del suplemento en su empresa de salud mental o la facturación en su empresa de tecnología. Todo lo que no toca esas claves se delega o se rechaza.
El qué no importa tanto como el porqué. Cuando un cliente pide algo nuevo, la decisión no se toma mirando el producto sino los valores de la compañía. Si la petición entra dentro de tu porqué, se hace; si exige traicionar la esencia, la respuesta es no, sin importar el dinero sobre la mesa.
Somos muy buenos en poco y muy malos en mucho. Siguiendo a Peter Drucker, Hartmut solo se involucra en actividades ligadas a sus fortalezas. Un fundador que se mete en áreas donde es débil no es solo un obstáculo, es una amenaza para su propia compañía.